jueves, 8 de noviembre de 2012

Un día, nos quedamos sin palabras

Un día, nos quedamos sin palabras.
Las palabras, cansadas de ser utilizadas, se fueron escapando poco a poco.
Al principio, nadie notó su ausencia, pero llegó el momento en que nos miramos confundidos llenos de asombro, sin saber qué decir.
Entonces alguien tuvo una brillante idea. Fue inventando nuevas palabras y las fue anotando.
Así, hijo, fue como se creó este libro: el diccionario.
El niño miró con curiosidad el libro, pero se puso triste.
Pero papá, ¡las palabras están atrapadas!
El hombre sonrió.
Bueno. Jugamos con ellas, las cambiamos un poco. Van transformándose y evolucionando. Pero tienes razón. Están atrapadas. Por eso de tiempo en tiempo las vamos dejando ir y creamos otras nuevas.
El niño se puso feliz. Estaba tan lleno de alegría que no encontraba palabras para expresarlo, así que se puso a inventar nuevas palabras que vivieron felices para siempre

1 comentario:

Carlos de la Parra dijo...

Más que nuevas palabras, las que ya están poseen infinitas posibilidades.
En ocasiones se llega a construir algo que a uno mismo lo sorprende.
Otras veces sin quererlo cazamos ecos. Ecos que surgen de todas partes.

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