viernes, 21 de febrero de 2014

Melomanía

El sonido de la estática, la aguja recorriendo los surcos, los graves, los agudos, la perilla de balance, los controles del ecualizador, los dedos deslizándose por el instrumento musical, el carraspeo del interprete, y hasta el latido del corazón, son todos parte de la alta fidelidad que reproduce todos los sonidos casi como si uno estuviera ahí: junto al viejo y amado tocadiscos.

1 comentario:

Pilar Arenas dijo...

La magia del viejo tocadiscos, toda una liturgia implícita que nos acomoda los sentidos para sumergirnos en el mundo de los acordes.
Genial recuerdo!

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