miércoles, 1 de septiembre de 2010

De piedra...

La escultura terminada emergía entre una nube de polvo. 
Perfecta. Exacta. 
La gente asombrada miraba. 
Incrédulos. Callados. 

El escultor había trabajado con precisión milimétrica. 
Obstinado. Inconmovible. 
Gris, empolvado, con los ojos apagados. 
En vez de infundirle vida, 
le infundió muerte...

2 comentarios:

40añera dijo...

Sería para un cementerio.
Saludos

Torcuato dijo...

Bravo.
Misterioso y mágico.
Un abrazo.

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