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jueves, 4 de marzo de 2021

Había una vez un embrollo


Venció a la princesa y besó al dragón y vivieron felices para siempre. 
- ¡No! ¡No! ¡Venció al dragón y besó a la princesa! 
- Bueno, es que el dragón y la princesa eran uno mismo. Dice sonriendo el abuelo.  


martes, 5 de abril de 2016

Reconocimiento

Me reconozco entre la multitud. 
Sí. ¡Soy ese! El que está allí. 
Todos los demás quedan intrigados. No saben porque no los señalé a ellos, de entre todos los clones.

domingo, 12 de octubre de 2014

martes, 10 de junio de 2014

¿Quién eres?

Hace tiempo ya que me encuentro con personas a los que no reconozco y a quienes les tengo que preguntar "¿Quién eres?". 
El extremo fue cuando aquel hombre en el espejo, al que veo diariamente y que me parecía vagamente familiar, me preguntó "¿Quién eres?"; y no supe qué contestar.

martes, 10 de diciembre de 2013

microcuento inorgánico

Al microcuento hubo que quitarle los personajes y extirparle los sueños, los recuerdos y todo resto de emoción. Dejar únicamente los hechos y datos fríos. Quedaron meramente las cosas, que inmediatamente se quejaron de ser tratados como simples objetos, sin motivaciones, ni sentimientos, y terminaron poniéndose en huelga; destruyendo con esto la realización del primer microcuento 100% inorgánico. 

lunes, 9 de diciembre de 2013

El centauro duerme

El centauro duerme. Sueña que se separa en dos seres que se sienten incompletos, hasta que nuevamente se unen y parten a galope como uno solo.

lunes, 25 de noviembre de 2013

Había una vez diferente, no como las otras

Había una vez diferente, no como las otras, en que el príncipe llega a enfrentar al dragón pero se encuentra a la princesa peleando contra el enorme animal. 
Queda asombrado de ver a la aparentemente débil mujer vencer valerosamente al dragón y entonces voltear sonriente a verlo. Él sólo atina a quedarse con la boca abierta perplejo. 
La joven le explica que despertó pensando que no quería seguir siendo quien esperara pacientemente a que la liberaran; que ella misma podía luchar y lograr su libertad. Podía salirse del papel tradicional en que todos, incluyendo ella misma, la habían aprisionado. Comenzando a cuestionar su fuerza, capacidades y estilo de vida, y que podía elegir lo que siempre había querido ser. 
Él la ve con admiración y sólo murmura: 
- ¡Sí tan sólo ella fuera hombre, seríamos felices para siempre! 


jueves, 12 de septiembre de 2013

Espionaje secreto

Sabía que lo estaban espiando. Era por eso que vivía dos vidas; la pública, en la que aparentaba ser otro, y la real, que ocultaba a todos para que nadie supiera nunca la verdad. 
Era cuestión de cuidar todos los detalles y actuar siempre en su papel, inventado hace ya tanto tiempo, que prácticamente no recordaba ni siquiera cuándo comenzó esta farsa. 
Una vez más, quería pensar que había tomado todo en cuenta, pero no se atrevió. Podrían estar espiando hasta sus pensamientos.

domingo, 26 de septiembre de 2010

martes, 18 de marzo de 2008

Soy un Nudo...

Soy un nudo Gordiano esperando tu espada de Demócles...
Soy un nudo corredizo en mi propio cuello...
Soy un nudo en la garganta queriendo gritar...
Soy un nudo en la corteza de tu árbol
Soy un nudo en la hasta ahora recta cuerda de tu vida
Soy un nudo de vida que se desata con la muerte
Soy un nudo, laberinto sin salida que la propia muerte
Soy un nudo de corbata,
de costumbres y rituales que señalan hacia la libertad de mi sexo...
Soy un nudo que anida en mi corazón, ocultando mi alma
Soy un nudo mudo…
sordo, ciego e insensible a su complejidad
Soy un nudo en el laberinto de la razón
de las circunvalaciones del cerebro...
Soy un nudo de razón
Soy un nudo, avestruz introspecto hacia mi centro
Soy un nudo necio que no quiere salir de si mismo
Soy un nudo de interminables juegos preeliminares que te hacen el amor
Soy un nudo domado enredado en tu red redomada
Soy un nudo desnudo... laberinto de emociones...
Soy un nudo de angustias psicóticas deseando suicidarse en tí...
Soy un nudo mago
que se desaparece al anudarse
Soy un nudo nodo
de una compleja red anudada
Soy un nudo rudo
que se vuelve suave con tus caricias...
Soy un nudo mudo ante tus miradas...
Soy un nudo nulo
que se vuelve infinito en ti...
Soy un nudo que cree estar anudado
Soy un nudo débil que se desata con tus caricias
Soy un nudo que nada hacia el mar de tu centro
Soy un nudo malo
de tanto ser bueno...
Soy un nudo nuevo en una cuerda vieja
Soy un nudo que une mi nacimiento con mi muerte
Soy un nudo desatado
en la felicidad de la vida...
Soy un nudo mundo
que todo lo abarca...
Soy un nudo lleno de nada
y vacío de enredos
Soy un nudo letra
Letra I anudada en letra R...
Soy un nudo nido
esperando abrigarte y cuidarte
Soy un nudo que pudo
que puede y que podrá...
Soy un nudo que ata tus cabos sueltos...
Soy un nudo espiral
hacia mi propio centro...
Soy un nudo que ama
los enredos de la vida...
Soy un nudo en el estómago
que se come de nervios a sí mismo...
Soy un nudo de ruidos, de llantos, de gemidos
Soy un nudo amodorrado, flojo, durmiente,
colgado inerte entre tu extremo y el mío
Soy un nudo que te desnuda...
Soy un nudo que sudo
en tu sudor...
Soy un nudo, torbellino de locuras, de cabriolas, de cosquillas,
de risa atrapada que explota en los extremos...
Soy un nudo de nadas
Soy un nudo de camino retozón, azaroso, pero con un sólo destino
Soy un nudo hacía ti...

¡Átame!

martes, 23 de octubre de 2007

identidad soñada

Un día uno de mis sueños despertó creyendo que era yo
Me costó trabajo convencerlo (en sueños) de que no era así
y que tenía que volver a ser sueño
Pero me costó aún más trabajo convencerme a mí
de que yo no era meramente un sueño

LA PIEZA FALTANTE

La pieza faltante
(un cuento "emPiezado"
al que le falta una pieza...)
por Héctor Ugalde Corral
(al que le falta una pieza... :)

1
Mi abuelo se llamaba Armando, tal vez eso explique su fascinación por los rompecabezas.

Quisiera haber conocido más a mi abuelo y no que solamente fuera el recuerdo de lo que no debería de haber olvidado.

Así no hubiera tenido que reconstruir su vida con trozos de sueños, de fantasías y de memorias perdidas, por lo que tuve que reunir mis recuerdos llenando los huecos de mis olvidos.

Uno de los pocos recuerdos que tenía de mi abuelo era de mi niñez. Yo me asomaba por entre las piezas del vitral de la puerta de la entrada y lo veía irse. Pedazos de la silueta de su espalda y al final únicamente fragmentos de su sombra.

Mi abuelo era un personaje multifacético: pintoresco y lleno de color. Alguna vez me dijo "Empiezas completo y terminas en piezas". Eso me desarmó.

A mi abuelo le gustaban los rompecabezas. Creo que él era uno.

2
Cada navidad, cada cumpleaños, cada día especial, recibía de mi abuelo un paquete que contenía un rompecabezas.

Se suponía que yo tendría la paciencia y la creatividad para ir armándolo, aunque no eran rompecabezas comunes. Tenían su dificultad. Unos eran redondos, otros como esferas o cubos. Algunos eran de un sólo color. Uno totalmente blanco. ¡Ah! Y no debo olvidar el de cristal casi completamente transparente.

Era intrigante probar sí las piezas encajaban. A veces necesitaban otro enfoque, un cambio de dirección.

Quería encontrarle sentido al desafío. Descubrir el espíritu lúdico, el carácter juguetón y la magia de mi abuelo.

Así fui formando una imagen insólita de mi abuelo aunada a una foto que encontré detrás del espejo, a la cual le habían recortado la cara dejando sólo la sonrisa. 
No cabía duda de que mi abuelo era un descarado.

Otro indicio me lo dio un folleto oculto dentro de un reloj en forma de conejo saliendo de un sombrero. Era de una Villas llamadas Mar A. Reacomodé el nombre y sonreí. 

3
¿Había que comenzar desde el principio? ¿O desde el final? ¿O por enmedio? La diversión de los regalos de mi abuelo comenzaba al momento de desenvolverlos.

El investigar cómo abrirlos, el revelar sus secretos encerrados y la sorpresa de descubrir cómo venía empacado y encontrar el mecanismo para abrirlo.

La envoltura era un rompecabezas en sí mismo. Yo tenía que revisar con detenimiento el paquete y ver por fin la manera de abrir el regalo.

Algunos se podían abrir por la fuerza, pero si lo hubiera hecho así los hubiera arruinado. Yo sabía que mi abuelo esperaba que fueran descubiertos por medio del ingenio.

Todo lo que envolvía a mi abuelo era un completo rompecabezas.

4
La vida de mi abuelo era un rompecabezas que me intrigaba y que yo iría resolviendo poco a poco a lo largo de los años.

Un misterio revelado gradualmente conforme iba agregando datos, anécdotas, pedazos de su vida. Cada pieza diferente a las demás, como las de los rompecabezas que me enviaba constantemente.

En todo lo cotidiano mi abuelo era un hueco, un agujero en el centro de las conversaciones. Se eludía, se evitaba, se rodeaba, pero a final de cuentas no podías evitar encontrártelo en algún recoveco de la plática. Se hacía presente por la fuerza de su ausencia. Por lo que no se decía, por lo que se insinuaba...

En el vestíbulo de la casa había un espejo roto en mil pedazos, dicen que hecho añicos por mi abuelo. En aquel espejo roto todo se veía como un rompecabezas. Nunca fue reemplazado a pesar de que no se veía precisamente el centro, en donde se debería de poder ver la propia cara, un agujero justo donde fue el punto del impacto. Eso me dio la clave para descifrar el misterio de su vida al ir descubriendo las diferentes caras de mi abuelo.

5
Todo rompecabezas es a la vez un laberinto. Las uniones que se van formando entre las piezas son caminos, y algunos son pistas falsas, trampas que te desvían de tu objetivo; caminos tortuosos que pueden hacerte dar vuelta, volver sobre tus pasos y regresar nuevamente al inicio donde empezaste tu recorrido. Aunque a veces no había más remedio que desandar los caminos de los recuerdos para reencontrar los olvidos.

Siempre he tenido un espíritu inquieto; listo para resolver enigmas. Por lo que seguir las pistas que mi abuelo dejaba fue tan natural para mí como lo fue para mi abuelo el idearlas, creándolas sólo para mí. Porque sabía que yo podría encontrarlas. Mi abuelo creía en mí. Confiaba en que yo encontraría la solución de los secretos que me presentaba. Lo que yo necesitaba era recuperar la confianza en mi capacidad para salir del centro del laberinto donde estaba el minotauro. Donde estaba yo.

6
Cada vez que armaba un rompecabezas de mi abuelo era un nuevo comienzo y a la vez era un paso más para resolver el enigma de su vida. Los rompecabezas eran como una esfera mágica en la que en lugar de adivinar mi futuro, trataba de vislumbrar el pasado de mi abuelo. Pero yo estaba equivocado al darme cuenta de que había armado mi vida alrededor de la de mi abuelo por lo que mi futuro estaba irremediablemente emparentado con su pasado.

Para resolver los rompecabezas tenía que usar todos mis sentidos. Incluyendo la intuición y la imaginación. Las piezas podían ser palabras, letras o símbolos. O colores, sabores, sonidos, olores y texturas.

Eran intrigantes y hermosos los rompecabezas acústicos. O los luminosos que podían arrojar algo de luz en el enigma de mi abuelo. Nunca el enfoque directo, podría ser el pensamiento lateral, o el sentimiento colateral. Lo importante era no adivinar, sino encontrar la respuesta oculta.

Todos los rompecabezas que mi abuelo me regalaba eran diferentes. Sin embargo todos tenían una cosa en común: les faltaba una pieza. La razón de que fuera así la descubriría finalmente años después al encontrar a mi abuelo, y con él, todas las piezas que faltaban.



La séptima parte ("La pieza faltante" o conclusión), aquí: http://abrapalabramagica.blogspot.com/2007/10/la-pieza-faltante-7.html


jueves, 1 de febrero de 2007

psicoCaricaturas de Santiago No.11. De ser transparente...

Una psicocaricatura más del increíble caricaturista/dibujante/humorista argentino Santiago Varela:
Sobre el ser transparente y lo que los demás dejan en uno.
Tomado de una de las maravilosas revistas Cacumen de juegos lúdicos.

Dale clic sobre la
imagen para verla más grande.






miércoles, 10 de enero de 2007

Paraísos trémulos

Cada vez que se cortaba el pelo perdía un poco de memoria. Ella no lo sabía y tampoco los que la rodeaban, así que, en más de una ocasión, la tomaron por desatenta y dejaron de dirigirle la palabra. Por supuesto, ella lo resentía y no se explicaba por qué la gente terminaba por alejarse. Entonces se miraba al espejo. Reparaba en el hilito que sobraba del suéter; reconocía sus hombros caídos y probaba a darles aliento: suspiraba profundamente. Observaba que el pelo le había crecido y que un mechoncillo rebelde se obstinaba en enfrentarla con la vida. Resolvía un nuevo corte. Y cada vez, el rechazo y el cabello rebelde hacían lo suyo. Un día, decidió cortar por lo sano. El mundo prometió paraísos trémulos e inexlorados, palpitantes como su cabeza rapada.
Del libro "Paraísos trémulos" de Ana Clavel

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